Cortesía: Ed. cast.: Alianza Editorial
TÍTULO ORIGINAL: The Dark Ages TRADUCTOR: Néstor A. Míguez Primera edición en «El libro de bolsillo»: 1982 Sexta reimpresión: 1997 Primera edición en «Área de conocimiento: Humanidades»: 1999Cuarta reimpresión: 2005 Diseño de cubierta: Alianza Editorial Ilustración: El evangelista Juan. Evangeliario de Saint MédarddeSoisson, comienzo del s. IX Reservados todos los derechos.
La Alta Edad Media II
Isaac Asimov

La recuperación romana
1Los godos parecen haber sido oriundos de lo que es hoy el sur de Suecia. El nombre quizá signifique «los buenos» y, por supuesto, los godos lo aplicaban a sí mismos. En general, la gente tiene una elevada idea de sus propias cualidades.
En la época de Tácito, grupos de godos habían migrado al norte de Germania cruzando el Báltico. Esto quizás haya iniciado una especie de movimiento de dominó, pues los godos tal vez desplazaron a los pueblos que ya vivían allí, quienes se dirigirían hacia el sur, desplazando a su vez a otros, hasta que en la parte más meridional de Germania los marcomanos se sentirían presionados para invadir Roma en la primera oportunidad.
2Los godos siguieron desplazándose hacia el sur y el este, saliendo de la Germania propiamente dicha para ocupar las tierras en las que vivían los pueblos, menos guerreros, letones y eslavos. Remontaron el río Vistula y descendieron por el Dniester (a través de la actual Polonia y el sudoeste de Rusia) hasta llegar a las tierras situadas al norte y al noroeste del mar Negro, adecuadas para la agricultura. (Hoy engloban los fértiles campos de Ucrania y Besarabia.)
Los godos se encontraron entonces en las fronteras nororientales del agitado Imperio Romano.
3Los romanos habían avanzado hasta el norte del Danubio y ocupado Dacia (la moderna Rumania) siglo y medio antes, no mucho después de la época de Tácito. Pero la dominación de Dacia fue floja e insegura. Los godos hacían repetidas correrías por ella, y obtenían un buen botín. Hasta construyeron barcos, se lanzaron al mar Negro y navegaron a través de él para asolar las costas de Asia Menor y los Balcanes.
Todas las fronteras de Roma se estaban derrumbando, y hubo una serie de emperadores de corta vida que pudieron hacer poco para impedirlo. Sus más duros esfuerzos sólo sirvieron para empeorar las cosas, al parecer. El 248 Decio fue elegido emperador, quien se apresuró a hacer frente a los godos,que estaban devastando las provincias del sur del Danubio. Pese a sus esfuerzos, fue derrotado y muerto el 251; fue el primer emperador romano que murió en batalla.
4Pero Roma resistió y las nubes parecieron empezar a disiparse, aunque lentamente, en el 268, cuando Claudio II subió al trono.
Por entonces, la amenaza goda había empeorado. Una gran flota que transportaba a muchos godos atravesó el mar Negro y el Bósforo para penetrar en el Egeo. Desembarcaron en el norte de Grecia y avanzaron tierra adentro hasta Naissus (la moderna Nish). El este europeo nunca había estado tan cerca de la catástrofe.
Claudio II, sin embargo, se enfrentó a los godos en Naissus, y después de una larga y sangrienta batalla, los derrotó totalmente. Claudio adoptó orgullosamente el nombre de Gótico como título honorífico, pero su triunfo le duró poco. Al año siguiente murió víctima de la peste.
5Su sucesor, Aureliano, fue otro emperador capaz que hizo mucho para restaurar la integridad del Imperio. Pero comprendió que Dacia, al menos, no podía ser conservada, y esta provincia fue abandonada para siempre. Los godos rápidamente se apoderaron de ella. Sin embargo, durante un siglo fueron mantenidos firmemente del otro lado de las márgenes del Danubio.
Pero al norte de ese río había espacio suficiente. En verdad, los godos formaron ahora dos reinos: uno oriental, al norte del mar Negro, en lo que es ahora Ucrania; y otro occidental, al oeste del mar Negro, en Dacia.
Las tribus asentadas al norte del mar Negro se llamaban los ostrogodos; las del oeste del mar Negro, los visigodos.Parece natural interpretar esos nombres como «godos del Este» y «godos del Oeste», pero al parecer no es éste su verdadero origen. La conjetura actual más apropiada es que «ostrogodo» significa «godo espléndido», y «visigodo», «godo noble». No había límite, aparentemente, a la elevada opinión que los godos tenían de sí mismos.
6Este territorio, desde luego, no estaba ocupado exclusivamente por los godos. La masa de la población consistía en oprimidos y sufridos campesinos eslavos. Los godos eran una aristocracia dominante minoritaria que constituía una casta guerrera. Fue el primer caso de algo que iba a ser común en toda una serie de reinos germánicos surgidos fuera de Germania en los cinco siglos siguientes.
Mientras los godos se expandían por el este, un nuevo grupo de tribus germánicas apareció a lo largo del Rin. Se llamaban los francos. Hay varias teorías sobre el origen de ese nombre. Puede significar «libres», «lanzas» o «valientes». Cualquiera que fuese el significado, claro está, los francos se elogiaban a sí mismos.
Durante el período de la anarquía romana, los francos y los alemanes atacaron separadamente a la Galia y la devastaron, pese a la derrota que les infligió el emperador romano Probo en 276.
7En 284, terminó finalmente el período de anarquía. Surgió un nuevo emperador, Diocleciano, quien reorganizó política, económica y militarmente al Imperio. Lo hizo a costa de grandes esfuerzos, y Roma se tambaleó en vez de resurgir.
Pero se mantuvo en pie, por penosamente que fuera, y los bárbaros fueron rechazados... temporalmente.
8Por un tiempo, la recuperación romana pareció cada vez más brillante y espléndida. En el 300, otro emperador fuerte, Constantino I, estableció en el Bósforo una nueva gran capital que llamó Constantinopla, según su propio nombre. A muchos debió de haberles parecido que el Imperio era eterno; sin embargo se hallaba en un avanzado estado de decadencia interna. Su economía se debilitaba constantemente y su población se desmoralizaba en forma creciente. Peor aun, la guerra civil atormentaba al Imperio.
Diocleciano había tratado de aligerar la carga del Imperio nombrando dos coemperadores, uno en el Este y otro en el Oeste. En teoría, gobernaban un solo Imperio, pero a partir de ese momento los historiadores empiezan a hablar del Imperio Romano de Oriente y el Imperio Romano de Occidente. El Imperio Oriental era, con mucho, el más rico, más culto y más populoso de los dos.
9Tal división del Imperio fue adecuada mientras funcionó, pero no ocurrió esto siempre. A menudo los coemperadores y sus futuros herederos intrigaban unos contra otros y usaban sus ejércitos para atacarse mutuamente. Para empeorar aún más las cosas, estaba en el este el Imperio Persa, rival del Imperio Romano. La guerra con Persia a veces se atenuó mucho, pero nunca desapareció totalmente.
Los germanos sólo tenían que seguir esperando.
Después de la muerte de Constantino, el Imperio pasó por un período de guerra civil. Aun después de ser reunificado bajo Constancio II, un hijo de Constantino, siguió envuelto en una larga y, en gran medida, fracasada guerra con Persia. Las regiones occidentales fueron descuidadas, y en el 355 los francos y los alemanes irrumpían en la Galia nuevamente.
10Constancio envió a la Galia a un primo suyo, Juliano. El joven era un sabio sin experiencia militar y su ejército era completamente inadecuado. Para sorpresa de todos, reveló una inesperada capacidad para la guerra.
Hábilmente, superó en estrategia a las torpes fuerzas germanas, retomó ciudades e infligió a los germanos considerable daño. Finalmente, en el 557, se enfrentó con un gran ejército germano en el Rin superior, cerca de la actual ciudad de Estrasburgo. Los germanos superaban en número a los romanos en tres a uno y Juliano parece haber vacilado en atacar, hasta que fue impelido a la batalla por la ansiedad de sus propias tropas. La disciplina y el orden romanos prevalecieron sobre la superioridad numérica de los germanos y, con escasas pérdidas, Juliano infligió una tremenda derrota al enemigo.
En los tres años siguientes, Juliano condujo su ejército al otro lado del Rin e hizo tres incursiones por la misma Germania. Derrotó y humilló totalmente a las tribus. Para sus hombres, era Julio César redivivo.
Cuando el emperador Constancio, cada vez más celoso, trató de debilitar a Juliano retirándole algunas de sus tropas, los soldados, llenos de excitación, proclamaron emperador a su general. Estaba por comenzar otra guerra civil, pero Constancio murió antes de poder presentar batalla, y Juliano, después de un breve reinado, murió en una campaña contra Persia.
El cristianismo
11No debemos pensar que el contacto entre romanos y germanos no fue más que una larga batalla entre la civilización y la barbarie, entre la luz y la oscuridad. Hubo intervalos de paz durante los cuales se expandieron la comunicación y el comercio entre los dos pueblos, y hasta la amistad. Los germanos migraron al Imperio, donde fueron bien recibidos como soldados mercenarios. Era cada vez más difícil reclutar civiles romanos para el ejército.
Largos siglos de paz los habían despojado de aptitudes para la guerra y se sentían a disgusto y desdichados con la dura vida militar.
Los germanos, en cambio, fuertes y habituados a las penurias, hallaron la vida en el ejército romano mejor que aquella a la que estaban acostumbrados. Se alimentaban mejor que antes y tenían todas las comodidades materiales. Además, en el curso de las numerosas guerras civiles, tenían grandes oportunidades de obtener mujeres y botín.
12En verdad, cuando Juliano combatió a los francos, su propio ejército estaba formado en gran medida por mercenarios germanos, de modo que no fue una lucha de romanos contra germanos, en modo alguno. Fue en buena parte un combate de germanos contra germanos.
Juliano llevó esta tendencia un poco más allá al permitir a varios grupos de germanos asentarse en la Galia poco después de su gran victoria sobre ellos en Estrasburgo, a condición de que prestaran servicios en el ejército romano. Fue un precedente que resultó desastroso para Roma.
En resumen, la diferencia entre romanos y germanos empezó a desdibujarse. El Imperio Romano estaba empezando a tener una coloración germánica a todo lo largo de su borde septentrional. A su vez, los germanos lentamente empezaron a adoptar costumbres romanas, por el comercio y el retorno de compatriotas que habían servido a los romanos y vivido entre ellos. Lo más importante de todo era que los germanos comenzaron a adoptar una religión romana.
13En tiempos de Augusto, surgió una nueva religión, el cristianismo. Se inició como secta judía disidente, pero rápidamente se convirtió en un modo de pensamiento aceptable para los que no eran judíos. Poco a poco, pese a periódicas persecuciones, fue adquiriendo poder en Roma. En el 300, tal vez un cuarto de la población romana era cristiana o tenía simpatías cristianas. Los cristianos aún eran una minoría,pero una minoría fervorosa y ruidosa. La mayoría pagana era en gran medida indiferente y apática, y perdía importancia constantemente.
El emperador Constantino I, que era un político astuto, lo comprendió claramente. Volcó sus simpatías al cristianismo y al final de su reinado era prácticamente la religión oficial del Imperio Romano.
Pero puesto que el cristianismo se consideraba una religión universal, no se limitó a los dominios romanos. Había cristianos en Armenia y Persia, al este del Imperio, y hasta se realizaron intentos de convertir a los bárbaros germanos.
14Un godo llamado Ulfilas (forma latina del nombre godo Wulfila, o «cachorro de lobo»), que visitó Constantinopla el 332, se convirtió al cristianismo. Cuando retornó a su patria, se dedicó incansablemente a predicar el cristianismo a los godos e hizo algunos conversos.
Para sus fines, Ulfilas inventó un alfabeto y creó una forma de escritura gótica. Hizo una traducción de la Biblia al gótico (suprimiendo algunos pasajes con descripciones bélicas, con el argumento de que los godos no necesitaban estímulo en ese aspecto). Pequeños fragmentos de esa traducción subsisten
aún y son prácticamente los únicos testimonios que poseemos sobre la lengua gótica, ahora extinguida.
El progreso de Ulfilas fue lento, pero puso los cimientos. Mientras los germanos permanecieron fuera del Imperio, siguieron siendo paganos en su abrumadora mayoría. Pero conocían el cristianismo, estaban inoculados de él, por así decir, y cuando las tribus finalmente irrumpieron en el Imperio, pronto adoptaron la religión imperial.
15Con el tiempo, el cristianismo tuvo tanto éxito que borró la mayor parte de los signos del pasado pagano de los germanos. Es poco lo que queda de ellos. La literatura islandesa (en Islandia el cristianismo sólo obtuvo la victoria después del año 1000) conserva algunos de los mitos nórdicos y sagas, que carecen de la gracia de los mitos griegos, más conocidos, y reflejan el ambiente más duro del norte.
Los nombres de algunos de los dioses y diosas —Odín (o Wotan), el principal de los dioses; Thor, dios de la tormenta y el trueno; Freya, la diosa del amor y la belleza— aún viven en los nombres ingleses de los días de la semana (Tuesday [martes], Wednesday [miércoles], Thursday [jueves] y Friday [viernes]). Aún leemos los dramáticos cuentos sobre el martillo perdido de Thor, la malvada progenie de Loke —incluida su hija Hel, quien gobernaba el mundo subterráneo y nos ha dado su nombre [Hell significa «infierno» en inglés]— ,sobre la muerte de Balder, etc.
Esos dioses eran mortales y existe un detallado relato de su muerte en la gran batalla final contra los gigantes y las otras fuerzas del mal. Ese relato está entrelazado con el cuento de Sigurd, o Sigfrido, más conocido hoy en la versión del músico alemán Richard Wagner, quien escribió sobre el tema cuatro óperas relacionadas entre sí, en la década de 1850.
16La más antigua obra existente de la literatura germánicaes el Beowulf. Comúnmente es considerado un clásico inglés, porque el único manuscrito existente de tiempos primitivos es una versión anglosajona. Dicho manuscrito se remonta al 1000, pero contiene una versión que quizá haya sido puesta por escrito ya en el 700.
El escenario del poema épico es Dinamarca, y el héroe, Beowulf, pertenece a una tribu sueca, de modo que la historia original bien puede remontarse a épocas muy antiguas, antes de que la migración al sur alterase el primitivo modo de vida germánico. Hay una leve capa cristiana en las versiones que nos han llegado, pero es muy superficial. El poema es esencialmente pagano.
Algunas de las creencias paganas de los germanos viven todavía hoy y se hallan tan entrelazadas en la trama de nuestras vidas que pocos se percatan de que son restos de un pasado precristiano. En verdad, algunas han penetrado hasta el corazón mismo de las costumbres religiosas cristianas. ¿Qué sería la Navidad sin el árbol de Navidad, que es de origen completamente pagano? Lo mismo ocurre con el muérdago y el tronco de leña que se quema en Nochebuena o el bizcocho con forma de leño que suele comerse en la misma fecha. (La misma palabra yule proviene del nombre de diciembre en gótico.)
17Pero hubo una pega importante en la conversión de los germanos.
Existieron muchas variedades de cristianismo, y en tiempos de Ulfilas había dos sectas principales. Una de ellas, originalmente predicada por un sacerdote llamado Arrio (y llamada, por ende, arrianismo), subrayaba la suprema importancia de Dios. Jesús era considerado como un ser humano, un ser creado subordinado a Dios. La otra concepción era que Dios, Jesús y el Espíritu Santo constituían tres aspectos completamente iguales (una «trinidad») de un solo Ser. Esta última concepción fue la adoptada por una gran asamblea de obispos y, por lo tanto, era considerada la doctrina oficial de la Iglesia «universal». Quienes creían en ella fueron llamados «católicos», por la palabra griega que significa «universal».
Aunque el punto de vista católico era el oficial, los arrianos defendieron su posición durante todo el siglo IV. Había una profunda hostilidad entre las dos sectas y, a veces, feroces persecuciones mutuas.
18Ocurrió que Ulfilas se convirtió a la versión arriana y, por consiguiente, predicó a los godos el cristianismo arriano. Los godos se convirtieron al arrianismo y, en siglos posteriores, a él se convirtieron también otras tribus germánicas.A medida que el arrianismo estuvo cada vez más asociado a los germanos, perdió popularidad en forma creciente entre los romanos, quienes poco a poco se hicieron casi unánimemente católicos.
Esta conversión de los germanos al arrianismo quizá no tuvo origen solamente en el hecho accidental de que Ulfilas fuese un arriano. Las tribus germánicas, que vivían bajo una forma primitiva de monarquía en la que el rey era visible para todos y no tenía mucho más poder que sus guerreros, se inclinaban por una concepción de Jesús que no lo colocaba demasiado por encima de la gente. Concebían a Jesús como un líder tribal.
19Los romanos, en cambio, estaban habituados a los emperadores, que estaban apartados de la vista de la mayoría y rodeados por un muro de rituales y ceremonias. Se los miraba casi como más que humanos, y, en verdad, en tiempos paganos se los había considerado divinos. Los romanos, pues, estaban más dispuestos que los germanos a concebir a Jesús como un emperador divino y como Gobernante Imperial del Universo, y no como un pequeño rey.
Pero sean cuales fueren las causas, la conversión de los germanos al cristianismo contribuyó a distinguirlos de los romanos. Estaban divididos, y no unidos, por una religión común, y esto, como veremos, fue una cuestión de primera importancia para la historia posterior de Europa.
Los hunos
20Es imaginable que la amalgama europea hubiese continuado desarrollándose después del reinado de Juliano. La cultura y la religión romana podían haber fluido cada vez más a Germania, mientras los mercenarios germanos entraban en el Imperio. Podía haberse producido una lenta fusión de los dos grupos y, con el tiempo, Europa se habría convertido en una especie de mezcla romanogermánica mediante una desaparición más o menos pacífica de las diferencias.
Quizá fuesen pequeñas las probabilidades de que esto ocurriese, pero aun para que se realizasen esas pequeñas probabilidades, Europa tenía que mantenerse libre de influencias externas.
Pero no fue así. Europa no es una isla, sino una gran península que sobresale del borde occidental de la enorme masa terrestre de Asia. Esta era por entonces, y lo es aún hoy, la gran reserva de población de la raza humana. Sus partes centrales son prados semiáridos que dan sustento a los robustos pastores nómadas de lenguas altaicas, como el turco y el mongol.
21Al igual que los germanos, los nómadas de Asia Central tendían a emigrar siempre que la población aumentaba más allá de la capacidad de sustento de la tierra o cuando una serie de años de sequía disminuía repentinamente esa capacidad. La región civilizada más próxima que podía ser saqueada con provecho era la rica y extensa tierra de China, en el este de Asia.
China, cansada de rechazar a los invasores, a quienes los chinos llamaban Hsiungnu, construyó la Gran Muralla algún tiempo antes del 200 a. C. Era una enorme y bien guarnecida barrera que se extendía por miles de kilómetros a lo largo de las fronteras septentrionales del territorio. Mejoró las defensas chinas e impidió muchas correrías, pero (como todas las defensas pasivas) a veces falló en momentos decisivos.
Cuando China pasaba por un período de vigor y cuando sus defensas se mantenían, ello redundaba en perjuicio del Asia Occidental, pues entonces los Hsiungnu y otras tribus altaicas, al fracasar sus embestidas contra la Gran Muralla,se dirigían al oeste.
22En el siglo IV, se produjo uno de tales vuelcos hacia el oeste, el mayor que había contemplado hasta entonces la Europa civilizada. Alrededor de 370, las hordas de los Hsiungnu (llamados hunni por los romanos y «hunos» por nosotros) irrumpieron desde el Asia Central. Intentaron penetrar en la India, tan rica y populosa como China, pero esa región tenía una muralla natural en el Himalaya, cadena montañosa infinitamente más eficaz que cualquier muralla de albañilería que pudiese construir el hombre.
Se dirigieron otra vez al oeste, donde no había obras de albañilería ni montañas que pudiesen detenerlos y donde las tribus asiáticas occidentales sólo podían ofrecer una resistencia despreciable. En poco tiempo, se encontraron sobre la frontera oriental del gran reino ostrogodo.
Los ostrogodos se habían expandido hacia el norte bajo el más grande de sus primitivos reyes, Ermanarico. Extendió sus ejércitos y su dominación al noroeste, hasta el Báltico, y al este, hasta el río Don. Todo lo que es hoy el este de Alemania, Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania pertenecía a los ostrogodos.
23La leyenda hizo de Ermanarico un tirano cruel y sangriento que llegó a una edad fenomenal, 110 años según algunos. No debemos tomar esto literalmente, pero bien puede haber llegado a los setenta. En esa época de vidas breves y muertes prematuras en batallas, todo el que llegase a la vejez era, en verdad, un fenómeno.
En realidad, la expansión ostrogoda tuvo un efecto debilitante. Parece impresionante en un mapa y quizá haya llenado de orgullo los pechos ostrogodos el derrotar a bandas vagabundas de campesinos pobremente armados, pero no aumentó el número de la casta guerrera. El ejército ostrogodo,que no era ahora más fuerte que antes, se expandió de forma dispersa por un gran territorio que contenía mudas hordas de súbditos sufrientes que esperaban a un invasor —cualquier invasor— que derrotase a sus arrogantes amos. (Casi invariablemente, el nuevo invasor resultaba ser tan malo como el antiguo, pero esto nunca era tomado en cuenta de antemano.)
24La aristocracia ostrogoda, como otros grupos sociales del mismo género que aparecieron después, carecía de raíces firmes en la población. Esto hacía que pudiese ser derrotada fácilmente y reemplazada por otra casta guerrera. De este modo, podía parecer que se destruía y se hacía desaparecer de la historia a un reino entero.
Pero esto es una ilusión. La verdadera población, los millones de campesinos esclavizados, estaban allí antes de que llegasen las bandas guerreras (germanas u otras), permanecieron allí bajo esas bandas y permanecen aún después de que las bandas desaparecieron. Los «reinos» que surgen de la nada y luego desaparecen repentinamente sólo son los nombres que damos a las aristocracias temporales y no representan en modo alguno a la población real, al menos en aquellos tiempos de migraciones tribales.
25Naturalmente, siempre se produce alguna mezcla racial. La aristocracia dominante puede tomar a mujeres nativas como esposas o como amigas ocasionales. Algunos hombres de las clases inferiores pueden, mediante hazañas de guerra, conquistar un lugar en los rangos inferiores de la aristocracia. A veces, si una banda guerrera permanece en el lugar durante un tiempo suficientemente largo, la mezcla aumenta, y dominadores y dominados comienzan a identificarse como compatriotas, con un interés común contra los extranjeros.
Pero no hubo tiempo para una amalgama semejante en el caso de los ostrogodos, pues los hunos estaban a sus puertas y los orgullosos guerreros germánicos estaban a punto de verse desplazados.
26Los ejércitos de griegos y romanos habían estado compuestos principalmente de soldados de a pie, y los romanos llevaron la organización de su infantería a un elevado nivel de versatilidad y excelencia. Las legiones romanas no tuvieron rival como fuerza de combate durante seis siglos.
Griegos y romanos también tenían caballería, y se podría pensar que un hombre a caballo podía derrotar a varios hombres de a pie, pues podía desplazarse con mayor rapidez, atacar con un efecto más feroz y retirarse ante un posible contraataque. Todo esto es cierto, pero se presenta el problema de mantener la estabilidad sobre el caballo. Los jinetes debían evitar un choque demasiado fuerte o un giro demasiado repentino, pues podían caerse del caballo. La caballería sólo podía ser usada con moderación, como apoyo de la infantería, que debía soportar lo más recio de la lucha.
27Las bandas guerreras germánicas imitaron el estilo de combate romano lo mejor que pudieron. También ellas usaban la infantería como sostén principal, pero nunca eran tan disciplinados como los romanos, y éstos, cuando estaban bien dirigidos, comúnmente ganaban las batallas.
Pero he aquí que llegaron masivamente los hunos de Asia: pequeños y patizambos, individualmente no eran rivales para los altos y musculosos germanos. Ignoraban la agricultura y la guerra formal; eran nómadas y pastores que llegaron al oeste con sus familias, sus tiendas, sus ganados, en suma, con todos sus bienes terrenales.
Llegaron a lomo de caballo. Cada uno de ellos cabalgaba un poney increíblemente robusto, tosco, peludo y feo, pero capaz de hacer cualquier cosa que se le exigiese. Y esos poneys estaban equipados con algo que los caballos europeos no tenían: estribos.
28Siglos antes, los jinetes nómadas de las estepas habían inventado eficientes estribos de metal que colgaban de la silla de montar. Con cada pie metido en un estribo, el jinete se sentaba firmemente sobre el caballo, sin temor a caerse, a menos que el mismo caballo tropezara. Con los pies firmemente plantados, los jinetes podían descargar nubes de flechas con mortal puntería, podían girar y volverse, detenerse y lanzarse adelante; en resumen, podían maniobrar como ninguna caballería había logrado hacerlo antes.
Los hunos hacían eso a la perfección. Su velocidad de movimiento, sus ataques repentinos y sus retiradas igualmente repentinas que terminaban en otro ataque eran algo que los europeos no habían visto nunca. Ni siquiera los hábiles jinetes persas podían rivalizar con los hunos.
Y contra esos jinetes los ostrogodos sólo podían oponer sus soldados de infantería armados con lanzas, que fueron otros tantos blancos para las flechas. Los hunos sencillamente los arrollaron, casi sin saber lo que estaba ocurriendo, y el reino ostrogodo desapareció en un día. El viejo rey Ermanarico, que había llevado sus dominios a la cúspide de su poder, sufrió una completa derrota. No podía hacer más que suicidarse. En cuanto a los hunos, se apoderaron de las tierras, de los tributos y de las responsabilidades militares. El campesinado siguió en su lugar, sin poder alguno, y allí donde el reino ostrogodo había cubierto una gran extensión del mapa de Europa repentinamente apareció un reino huno.
Los ostrogodos que sobrevivieron y no lograron huir al oeste tuvieron que seguir sirviendo como guerreros —la única labor que conocían— y quedaron bajo el mando de oficiales hunos. Se convirtieron en parte del ejército huno y aprendieron a combatir a caballo.
29Pero los hunos no se detuvieron. Llegaron hasta el río Dniester, que era la frontera entre ostrogodos y visigodos. Lo atravesaron, entraron en territorio de los visigodos y derrotaron a éstos como habían derrotado antes a sus primos orientales. Barrieron las llanuras de lo que es hoy Hungría, y en el 380 dominaban un ámbito que se extendía desde los Alpes hasta las costas orientales del mar Caspio. Permanecieron allí durante medio siglo, dominando a germanos y eslavos.
En un aspecto los visigodos poseían una ventaja sobre los ostrogodos. El reino visigodo, en lo que había sido Dacia, limitaba con el poderoso Imperio Romano, que estaba al otro lado del Danubio inferior. En el 375, con los hunos a sus espaldas, unos ochenta mil visigodos pidieron humildemente permiso para entrar en el Imperio como refugiados.
Los funcionarios romanos tenían varias opciones. Podían negar fríamente el permiso y dejar que los visigodos fuesen destrozados o esclavizados por los hunos que los perseguían. También hubieran podido permitir la entrada a los visigodos y alistarlos en el ejército romano, donde, si se los trataba bien, podían haber sido soldados leales.
30Los romanos no hicieron ninguna de las dos cosas. Mostraron un corazón suficientemente blando como para permitir entrar a los visigodos, y luego un corazón suficientemente duro como para maltratarlos. Los romanos desarmaron a los visigodos, retuvieron a sus hijos como rehenes, se mofaron de ellos como cobardes que habían huido ante los hunos y luego trataron de arruinarlos vendiéndoles alimentos a precios exorbitantes.
Esto podía no haber sido tan peligroso si los romanos hubiesen desarmado totalmente a los visigodos, pero tambiénen este aspecto actuaron chapuceramente. Los encolerizados visigodos hallaron armas suficientes para volverse contra sus torturadores y saquearon la provincia en busca de alimentos y más armas. Antes de que los romanos se percatasen de lo que ocurría, se encontraron con que habían permitido la entrada, no a una banda de fugitivos, sino a un ejército hostil.
A la sazón, el emperador romano de Oriente era Valente, hombre no muy capaz e impulsivo. Podía haber esperado los refuerzos que le enviaba el joven emperador de Occidente, Graciano, pero Valente estaba seguro de que no tendría ningún problema y se lanzó al combate. Tal vez ansiaba convertirse en un nuevo «Gótico».
Pero los visigodos ya no eran los godos de antaño. Habían aprendido algo importante del enemigo huno: el valor de los fuertes estribos de metal. Se habían apoderado de caballos y organizaron una caballería. Incluso contaban en sus fuerzas con hunos que habían cruzado el Danubio para unirse al bando visigodo.
31Desgraciadamente para los visigodos, su caballería estaba lejos, en busca de forraje, cuando el ejército romano se aproximó a la hueste rebelde en Adrianópolis, a sólo ciento sesenta kilómetros al este de Constantinopla. El jefe visigodo, Fritigerno, no podía luchar contra los legionarios con sus soldados de infantería solamente, de modo que buscó postergar la batalla. El único modo de poder hacerlo era ofrecer su rendición, mientras enviaba mensajeros con la orden de que su caballería volviese apresuradamente.
Valente estaba totalmente dispuesto a aceptar la rendición e impuso duros términos. Fritigerno los aceptó, pero planteó algunos detalles y arguyó incansablemente sobre ellos. Durante varias horas, los soldados romanos permanecieron de pie, armados e impacientes, bajo un cálido sol y sin agua, mientras los jefes hablaban, hablaban y hablaban. Fritigerno observaba ansiosamente el horizonte a la espera de que apareciese la nube de jinetes.
Finalmente, algunos de los furiosos romanos empezaron a luchar sin esperar órdenes pero apenas había empezado la batalla cuando la caballería gótica irrumpió en el escenario y cayó sobre las sorprendidas legiones. Ya cansados y desalentados, los romanos ofrecieron escasa resistencia. Al tratar de alejarse de los jinetes visigodos, su formación quedó en un total desorden y se convirtieron en una muchedumbre amorfa que fue despedazada. El ejército fue aniquilado, y el mismo Valente halló la muerte.
La batalla de Adrianópolis fue un suceso fundamental en la historia. Constituyó la primera ruptura completa de las fronteras septentrionales del Imperio Romano, pues los visigodos nunca volvieron a ser rechazados.
Además, las legiones romanas habían sido aplastadas y nunca volverían a ser una fuerza de combate efectiva. Ahora prevalecían los jinetes en sus estribos, y en esta forma de lucha los bárbaros eran superiores a los romanos.
Las fuerzas de la civilización empezaron a retroceder.
Cortesía: Ed. cast.: Alianza Editorial
TÍTULO ORIGINAL: The Dark Ages TRADUCTOR: Néstor A. Míguez Primera edición en «El libro de bolsillo»: 1982 Sexta reimpresión: 1997 Primera edición en «Área de conocimiento: Humanidades»: 1999Cuarta reimpresión: 2005 Diseño de cubierta: Alianza Editorial Ilustración: El evangelista Juan. Evangeliario de Saint MédarddeSoisson, comienzo del s. IX Reservados todos los derechos.