8 abr 2019

Leonardo da Vinci. Walter Isaacson



Leonardo da Vinci.
Walter Isaacson

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Realiza la lectura del siguiente texto y a continuación elabora un análisis y síntesis, de cada uno de los párrafos en el cuaderno de apuntes. Incluye opinión y conclusión al final del trabajo.

INTRODUCCIÓN
También puedo pintar

1Cuando rondaba esa inquieta y trascendental edad que son los treinta, Leonardo da Vinci escribió una carta al señor de Milán en la que enumeraba las razones por las que este debía proporcionarle un empleo. Había disfrutado de cierto éxito como pintor en Florencia, pero encontró problemas para terminar sus encargos y buscaba nuevos horizontes. En los diez primeros párrafos, Leonardo se jactaba de sus habilidades en ingeniería, sin olvidar su capacidad para proyectar y diseñar puentes, canales, cañones, carros acorazados y edificios públicos. No fue hasta el «undécimo» párrafo, al final, que añadió que, además, era artista: «También puedo esculpir en mármol, bronce y yeso, así como pintar, cualquier cosa tan bien como el mejor, sea quien sea». (Figura 1).



“FIGURA 1: De los cuadernos de Leonardo, c. 1495: boceto de la Última cena, estudios geométricos para la cuadratura del círculo, diseño de una iglesia de planta octogonal y texto redactado con su característica escritura especular.”


2No mentía. Con el tiempo, realizaría dos de las pinturas más célebres de la historia: la Última cena y la Mona Lisa; pero Leonardo se consideraba asimismo, y por igual, ingeniero y científico. Con una pasión lúdica y obsesiva, realizó estudios innovadores de anatomía, de fósiles, de pájaros, del corazón humano, de máquinas voladoras, de óptica, de botánica, de geología, de corrientes de agua y de armamento. Así se convirtió en el arquetipo del hombre del Renacimiento, una inspiración para todos los que creen que «las infinitas obras de la naturaleza», por citar al propio Leonardo, se hallan entretejidas en un todo lleno de maravillosos patrones[2]. Su capacidad para combinar arte y ciencia, simbolizada por su dibujo de un hombre completamente proporcionado con los brazos extendidos dentro de un círculo y un cuadrado, conocido como el Hombre de Vitruvio, lo convirtió en el genio más innovador de la historia.






3Sus investigaciones científicas conformaron su arte. Leonardo arrancó la piel de los rostros de los cadáveres, delineó los músculos que mueven los labios, para pintar después la sonrisa más inolvidable del mundo. Estudió cráneos humanos, hizo dibujos en sección de huesos y de dientes para transmitir el sufrimiento de la extrema delgadez de San Jerónimo. Exploró la matemática de la óptica, mostró cómo inciden los rayos de luz en la córnea para conseguir la mágica ilusión del juego de perspectivas de la Última cena.



4Mediante la conexión de sus estudios de luz y de óptica con su arte, logró dominar el sombreado y la perspectiva para modelar objetos en una superficie bidimensional de modo que estos aparentaran ser tridimensionales. Esta capacidad de «hacer que una simple superficie plana manifieste un cuerpo relevado [que figure relieve], y como fuera de ella», según Leonardo, era «la intención primaria del pintor». En buena medida gracias a su labor, la dimensionalidad se convirtió en la innovación suprema del arte renacentista.

5Al envejecer, Leonardo prosiguió con sus investigaciones científicas, que no había puesto únicamente al servicio de su arte, sino también para satisfacer un anhelo instintivo a la hora de desentrañar la profunda belleza de la creación. Cuando buscaba y rebuscaba una teoría que explicase por qué el cielo es azul, no solo pretendía dar forma a su pintura, sino que además lo hacía por una natural, particular y maravillosa curiosidad.

6Sin embargo, ni siquiera cuando Leonardo reflexiona sobre por qué el cielo es azul, puede separar la actividad científica de su arte. Juntos constituyeron el alimento de su pasión, que no consistía sino en dominar todo lo que había que saber sobre el mundo, incluido el lugar que ocupamos en él. Da Vinci sentía un hondo respeto por la naturaleza en conjunto y sintonizaba con la armonía de sus patrones, que veía reproducidos en toda clase de fenómenos, fueran estos grandes o pequeños. En sus cuadernos aparecen dibujados rizos de cabello, remolinos de agua y turbulencias de aire, junto a notas en las que intenta explicar los fundamentos matemáticos de dichas espirales. Mientras me hallaba en el castillo de Windsor contemplando los torbellinos de energía de los «dibujos del diluvio», que Leonardo realizó hacia el final de su vida, le pregunté a su conservador, Martin Clayton, si creía que los había concebido como obras de arte o de ciencia. Nada más plantearlo, me di cuenta de que resultaba absurdo. «No creo que Leonardo hiciera esa distinción», respondió Clayton.

7Me embarqué en este libro porque Leonardo da Vinci constituye el paradigma del principal tema de mis anteriores biografías: que la capacidad de establecer conexiones entre diferentes disciplinas —artes y ciencias, humanidades y tecnología— es la clave de la innovación, de la imaginación y del genio. Benjamin Franklin, una figura que abordé con anterioridad, fue un Leonardo de su época: sin educación formal, autodidacta, llegó a ser un polímata con una poderosa imaginación, el mejor científico, inventor, diplomático, escritor y estratega empresarial de la América ilustrada. Haciendo volar una cometa, demostró que los relámpagos son electricidad e inventó el pararrayos para dominarlos. Creó también las gafas bifocales, maravillosos instrumentos musicales, estufas de combustión limpia, mapas de la corriente del Golfo y el estilo único de humor simple y directo típico de Estados Unidos. Albert Einstein, cuando se sentía bloqueado en el desarrollo de su teoría de la relatividad, tomaba el violín y tocaba Mozart; su música lo ayudaba a conectar de nuevo con la armonía del cosmos. Ada Lovelace, cuyo perfil biográfico tracé en un libro sobre los innovadores, combinaba la sensibilidad poética de su padre, lord Byron, con el amor de su madre por la belleza de las matemáticas, con el fin de imaginar una calculadora mecánica universal. Y, al final de muchas de las presentaciones de sus productos, Steve Jobs mostraba una imagen de un cartel donde aparecía el cruce entre la calle de las artes liberales y la de la tecnología. Leonardo fue su héroe. «Vio la belleza en el arte y en la ingeniería —dijo Jobs—, y su capacidad para combinarlos lo convirtió en un genio».

8Sí, era un genio: muy imaginativo, con una desmesurada curiosidad por saber e innovador en múltiples disciplinas. Sin embargo, debemos tener cuidado con esa palabra: colgarle la etiqueta de genio a Leonardo, aunque parezca extraño, lo rebaja, al hacer que parezca alguien tocado por un rayo. Uno de sus primeros biógrafos, Giorgio Vasari, artista del siglo XVI, cometió este error: «Los cielos suelen derramar sus más ricos dones sobre los seres humanos —muchas veces naturalmente, y acaso sobrenaturalmente—, pero, con pródiga abundancia, suelen otorgar a un solo individuo belleza, gracia e ingenio, de suerte que, haga lo que haga, toda acción suya es tan divina que deja atrás a  los demás hombres, lo cual demuestra claramente que obra por un don de Dios y no por adquisición de arte humano». En realidad, el genio de Leonardo era humano, forjado por su propia voluntad y ambición, y, a diferencia de Newton o Einstein, no se debía al don divino de una mente con una capacidad de procesar información que los simples mortales no entendemos. Leonardo casi no tuvo estudios y apenas sabía leer en latín o hacer divisiones complicadas. Su genio era de una clase que entendemos y que incluso nos sirve de ejemplo. Se basaba en habilidades que podemos aspirar a mejorar en nosotros mismos, como la curiosidad y unas enormes dotes de observación. Poseía una imaginación agudísima, que lindaba con la fantasía, una cualidad que podemos tratar de preservar en nosotros y de disfrutar en nuestros hijos.

9La imaginación de Leonardo impregna todo lo que toca: sus producciones teatrales, sus planes para desviar ríos, sus proyectos de ciudades ideales, sus bocetos de máquinas voladoras y casi todos los aspectos de su arte, así como de su ingeniería. Su carta al señor de Milán representa un ejemplo de esta, ya que sus dotes como ingeniero militar en esa época no eran más que sus propias figuraciones. Su cometido inicial en la corte milanesa no fue el de constructor de armas, sino el de diseñador de celebraciones y espectáculos. Incluso en el apogeo de su carrera, la mayoría de sus inventos bélicos y voladores eran más visionarios que prácticos.

10Al principio creí que su tendencia a la fantasía era un defecto, que revelaba una falta de disciplina y de diligencia relacionadas con su propensión a abandonar obras de arte y tratados sin acabarlos. Y, hasta cierto punto, resulta así. La visión sin ejecución se queda en alucinación. Sin embargo, llegué a la conclusión de que su capacidad de desdibujar la línea divisoria entre la realidad y la fantasía, a imagen y semejanza de su técnica del sfumato para difuminar las líneas de los cuadros, se presenta como la clave de su creatividad. La habilidad sin imaginación es estéril. Leonardo sabía casar la observación con la imaginación, y eso lo convirtió en el innovador por excelencia de la historia.

11Mi punto de partida para este libro no fueron las obras maestras de Leonardo, sino sus cuadernos. Creo que su mente se refleja mejor en las más de siete mil doscientas páginas de notas y garabatos suyos que, de forma milagrosa, se han conservado hasta hoy. El papel resulta ser una magnífica tecnología de almacenamiento de datos, aún legible después de quinientos años, algo que nuestros tuits quizá no serán.

12Por suerte, Leonardo no podía permitirse el lujo de desperdiciar papel, por lo que llenó cada centímetro de sus páginas con dibujos de diferente factura y con notas mediante escritura especular, que parecen dispersas pero que nos permiten seguir sus procesos mentales. Junto a ellos aparecen, más por asociación que por lógica, cálculos matemáticos, bosquejos de un joven amigo de aspecto diabólico, pájaros, máquinas que vuelan, accesorios teatrales, remolinos de agua, válvulas cardiacas, cabezas grotescas, ángeles, sifones, tallos de plantas, cráneos seccionados, consejos para pintores, notas sobre el ojo y sobre óptica, armas de guerra, fábulas, adivinanzas y estudios para pinturas. Un torbellino interdisciplinar resplandece en cada página y nos ofrece la encantadora danza de una mente al compás de la naturaleza. Los cuadernos de Leonardo constituyen el mayor registro de la curiosidad humana jamás creado, una maravillosa guía para entender a la persona a la que el eminente historiador del arte Kenneth Clark describió como «el hombre más implacablemente curioso de la historia».

13Una y otra vez, año tras año, Leonardo enumera todo lo que tiene que hacer y aprender. Algunas anotaciones implican el tipo de observación atenta que la mayoría de nosotros no solemos hacer. «Observemos el pie del ganso: si estuviera siempre abierto o siempre cerrado no podría hacer ningún movimiento». Otras implican preguntas del tipo «¿Por qué el cielo es azul?», sobre fenómenos tan comunes que en raras ocasiones nos paramos a preguntarnos por ellos: «¿Por qué el pez en el agua es más rápido que el ave en el aire cuando debería ser lo contrario, puesto que el agua es más pesada que el aire?» Quería saberlo porque era Leonardo: curioso, apasionado y siempre lleno de asombro.

14Para enfrentarme a estos problemas, decidí escribir un libro que utilizara como base los cuadernos. Empecé peregrinando en busca de los originales por Milán, Florencia, París, Seattle, Madrid, Londres y el castillo de Windsor; seguía el consejo de Leonardo de comenzar cualquier investigación dirigiéndose a la fuente: «Quien puede ir a la fuente no se conforma con la jarra». También me sumergí en el océano, poco explorado, de artículos académicos y tesis doctorales sobre Leonardo, cada uno de los cuales representa años de trabajo concienzudo acerca de temas muy concretos. En las últimas décadas, sobre todo desde el redescubrimiento de sus códices de Madrid en 1965, se han realizado grandes avances en el análisis y la interpretación de sus escritos. Por otra parte, la tecnología moderna ha revelado nueva información sobre su pintura y sus técnicas. 

15Sin embargo, lo que sí aprendí de Leonardo fue que el deseo de maravillarnos ante el mundo que a diario se nos presenta puede enriquecer cada instante de nuestras vidas. Existen menos puntos de acuerdo sobre ciertos detalles. Durante mi investigación descubrí que muchos hechos acerca de la vida de Leonardo, desde el lugar donde nació hasta cómo murió, han sido debatidos, mitificados y rodeados de misterio. He tratado de hacer balance de todo ello lo mejor que he podido y, después, he descrito las disputas y las respuestas en las notas.

16Asimismo descubrí, al principio con estupor y luego con satisfacción, que Leonardo no siempre era un gigante. Cometía errores. Se iba por la tangente, en sentido literal, enfrascado en problemas matemáticos que no consistían sino en un mero pasatiempo. No hace falta recordar que dejó muchos cuadros inacabados, en especial la Adoración de los Reyes, San Jerónimo y la Batalla de Anghiari. La consecuencia se traduce en que hoy se conservan solo unas quince obras que pueden ser, total o parcialmente, atribuidas a él.

17Aunque la mayoría de sus contemporáneos lo considerasen amistoso y afable, Leonardo se muestra a veces oscuro y angustiado. Sus cuadernos y dibujos ofrecen una ventana a su mente febril, imaginativa, maniaca y, en ocasiones, exaltada. Si hubiera sido un estudiante de principios del siglo XXI, podrían haberle recetado medicamentos para aliviar sus cambios de humor y su trastorno de déficit de atención. No resulta necesario estar de acuerdo con el tópico del artista como genio atormentado para creer que parece una suerte que Leonardo no contase con ayuda externa para ahuyentar a sus demonios mientras invocaba a sus dragones.

18En uno de los peculiares acertijos que contienen sus cuadernos, encontramos el siguiente enigma: «Surgen enormes figuras de aspecto humano y, cuanto más te acercas a ellas, más disminuye su inmenso tamaño». La solución es: «La sombra que proyecta un hombre de noche con una luz». Aunque lo mismo pudiera decirse de Leonardo, no creo que su talla se acorte al descubrirse su condición humana. Tanto su sombra como su realidad se hacen acreedoras de grandeza. Sus fallos y excentricidades nos permiten identificarnos con él, sentir que podemos emularlo y apreciar aún más sus momentos de éxito.

19El siglo XV de Leonardo, de Colón y de Gutenberg fue una época de descubrimientos, de exploración y de difusión del conocimiento mediante las nuevas tecnologías; en definitiva, parecida a la nuestra. Por eso tenemos mucho que aprender de Leonardo. Su capacidad de combinar el arte, la ciencia, la tecnología, las humanidades y la imaginación sigue resultando una fórmula imperecedera para la creatividad. Al igual que la poca importancia que daba al hecho de ser un inadaptado: bastardo, homosexual, vegetariano, zurdo, distraído y, a veces, herético. Florencia prosperó en el siglo XV porque se sentía cómoda con personas así. Ante todo, la curiosidad y el afán de experimentación sin límites de Leonardo nos recuerdan la importancia de inculcar en nosotros y en nuestros hijos no solo el conocimiento, sino también la voluntad de cuestionarlo, de ser imaginativos y —como los inadaptados y los rebeldes con talento de cualquier época— de pensar de forma diferente.

Vinci, sucumbiendo a Stendhal

“El pueblo de Vinci”



VITRUVIO


1Marco Vitruvio Polión, nacido alrededor del año 80 a. C., sirvió en el ejército romano bajo el mando de Julio César y se especializó en el diseño y la construcción de máquinas de artillería. El deber lo llevó a lo que en la actualidad son España y Francia, así como a lugares más alejados de Roma, como el norte de África. Más adelante Vitruvio, ejerció de arquitecto y trabajó en un templo, que ya no existe, en la ciudad italiana de Fano. Su obra más importante fue literaria, el único libro de arquitectura conservado de la Antigüedad clásica: De Architectura, conocido hoy como Los diez libros de Arquitectura.

2Durante la mayor parte de la Edad Media, la obra de Vitruvio cayó en el olvido, pero, a principios de la década de 1400, fue uno de los muchos textos clásicos, como el poema epicúreo de Lucrecio La naturaleza y los discursos de Cicerón, que fueron redescubiertos y recopilados por el pionero en el humanismo italiano Poggio Bracciolini. En un monasterio de Suiza, Poggio descubrió una copia del siglo VIII de la obra de Vitruvio y la envió a Florencia. Allí se convirtió en parte del grupo de obras clásicas redescubiertas que contribuyeron al Renacimiento. Brunelleschi lo usó como referente cuando viajó a Roma de joven para medir y estudiar las ruinas de edificios clásicos y Alberti lo citó por extenso en su tratado sobre arquitectura. Una de las nuevas imprentas de Italia publicó una edición en latín a finales de la década de 1480 y Leonardo escribió en un cuaderno: «Pregunta por Vitruvio a los libreros».

3Lo que despertaba el interés en la obra de Vitruvio por parte de Leonardo y Francesco era que expresaba con claridad una analogía que se remontaba a Platón y a los filósofos antiguos, que se había convertido en una metáfora que definía el humanismo renacentista: la relación entre el microcosmos del hombre y el macrocosmos de la Tierra.

4Esta relación de semejanza constituía la base del tratado que Francesco componía. «Todas las artes y todas las reglas del mundo derivan de un cuerpo humano bien compuesto y proporcionado —escribió en el prólogo de su quinto capítulo—; el hombre, llamado pequeño mundo, contiene en sí mismo todas las perfecciones generales del mundo». Leonardo también abrazó la comparación tanto en su arte como en su ciencia. Él escribió su famosa frase en esta época: «El hombre fue llamado por los antiguos mundo menor, y la designación está bien puesta, desde luego, porque su cuerpo […] se asemeja al de la Tierra».

5Aplicando esta analogía al trazado de los templos, Vitruvio proclamó que este debía reflejar las proporciones del cuerpo humano, como si dicho cuerpo estuviera tendido de espaldas sobre las ” “formas geométricas de la planta. «La disposición de los templos depende de la simetría —escribió en el primer capítulo de su libro tercero—. Es imposible que un templo posea una correcta disposición si carece de simetría y de proporción, como sucede con los miembros o partes del cuerpo de un hombre bien formado».

6Vitruvio describió con todo detalle las proporciones de este «cuerpo de un hombre bien formado» que debía determinar la composición de los templos. La distancia de la barbilla a la parte superior de la frente tenía que ser la décima parte de su altura total, comenzaba, y seguía con numerosas precisiones más: «Si nos referimos al pie, equivale a una sexta parte de la altura del cuerpo; el ” “codo, una cuarta parte, y el pecho equivale igualmente a una cuarta parte. Los restantes miembros guardan también una proporción de simetría, de la que se sirvieron los antiguos pintores y escultores famosos, alcanzando una extraordinaria consideración y fama».

7Las descripciones de Vitruvio de las proporciones humanas llevarían a Leonardo, como parte de los estudios de anatomía que acababa de comenzar en 1489, a compilar un conjunto similar de medidas. En términos más generales, la convicción de Vitruvio de que las proporciones del hombre resultan análogas a las de un templo bien concebido —y al macrocosmos del mundo— se convirtió en el centro de la cosmovisión de Leonardo.

8Después de detallar las proporciones humanas, Vitruvio pasaba a describir, en una célebre representación, la forma de inscribir a un hombre en un círculo y un cuadrado para determinar la proporción ideal de un templo:

9Exactamente de igual manera, las partes de los templos deben guardar una proporción de simetría perfectamente apropiada de cada una de ellas respecto al conjunto total en su completa dimensión. El ombligo es el punto central natural del cuerpo humano. ” “En efecto, si se coloca un hombre boca arriba, con sus manos y sus pies estirados, situando el centro del compás en su ombligo y trazando una circunferencia, esta tocaría la punta de ambas manos y los dedos de los pies. La figura circular trazada sobre el cuerpo humano nos posibilita el lograr también un cuadrado: si se mide desde la planta de los pies hasta la coronilla, la medida resultante será la misma que la que se da entre las puntas de los dedos con los brazos extendidos; exactamente su anchura mide lo mismo que su altura, como los cuadrados que trazamos con la escuadra.

10Era una imagen muy potente. Sin embargo, hasta donde sabemos, nadie relevante había hecho un dibujo serio y preciso a partir de esta en los quince siglos transcurridos desde que Vitruvio redactara su descripción hasta que, de pronto, alrededor de 1490, Leonardo y sus amigos procedieron a abordar esta figura del hombre abierto de brazos y piernas en el centro de una iglesia y del universo.
Francesco dibujó por lo menos tres versiones para acompañar su tratado y su traducción de Vitruvio. Una de ellas ” “es una imagen agradable y risueña de un hombre inserto en un círculo y un cuadrado (figura).  Constituye un dibujo más


sugerente que exacto. El círculo, el cuadrado y el cuerpo no pretenden indicar las proporciones, sino que se muestran con cierta despreocupación. En otros dos dibujos de Francesco (figuras) se ve a un hombre de proporciones más cuidadas dentro de un trazado de círculos y cuadrados en forma de planta de iglesia.



11De ninguno de estos dibujos puede decirse que sea una obra de arte imperecedera, pero demuestran que tanto Francesco como Leonardo, en el momento de su viaje a Pavía en 1490, se hallaban hechizados con la imagen que Vitruvio había concebido.

LA VERSIÓN DE LEONARDO

12Para que su dibujo fuera revelador y científico, Leonardo podría haber recurrido a una figura humana simplificada. En cambio, usó trazos delicados y un sombreado meticuloso para crear un cuerpo de excepcional e innecesaria belleza. Con su penetrante mirada, pero a la vez íntima, y la cabellera rizada que a Leonardo le encantaba dibujar, su obra maestra entrelaza lo humano con lo divino.

13El hombre parece estar en movimiento, vivo, lleno de energía, al igual ” “que las libélulas de cuatro alas que Leonardo estudiaba. Este nos ha hecho sentir, casi ver, cómo una pierna, primero, y, después, la otra se abren hacia fuera y hacia atrás, al tiempo que los brazos se agitan como alas. Nada resulta estático en esta figura, excepto el torso sereno, sombreado con un sutil plumeado. Sin embargo, a pesar de la sensación de movimiento, el hombre da la impresión de encontrarse en una postura natural y cómoda. Lo único que se halla en una posición un poco extraña es su pie izquierdo, que está torcido hacia fuera para proporcionarnos un punto de referencia.

14¿Hasta qué punto el Hombre de Vitruvio podría tratarse de un autorretrato? Leonardo tenía treinta y ocho años cuando lo dibujó, más o menos la edad del hombre de la imagen. Las descripciones de la época destacan su «hermosa cabellera rizada» y su cuerpo «bien proporcionado». El Hombre de Vitruvio posee las mismas características que muchos de sus presuntos retratos, en especial el Demócrito de Bramante (figura 40),


que muestra a un Leonardo aún sin barba cercano a esa edad. En cierta ocasión, Leonardo advirtió en contra de sucumbir al axioma de que «todo pintor se pinta a sí mismo», pero, en una sección de su proyecto de tratado de pintura titulada «Cómo las figuras a menudo se parecen a sus maestros», aceptó que era natural.

15La mirada del Hombre de Vitruvio es tan intensa como la de alguien que se mira en el espejo, tal vez de forma literal. Según Toby Lester, que escribió un libro sobre este dibujo: «Estamos ante un autorretrato idealizado en el que Leonardo, despojado de todo lo innecesario, se mide a sí mismo y, al hacerlo, encarna una esperanza humana eterna: que nuestra mente sea capaz de averiguar cómo encajamos en el orden natural de las cosas. Hay que ver en el dibujo una especulación, una especie de autorretrato metafísico en el que Leonardo (como artista, filósofo natural y portavoz de la humanidad en su conjunto) se mira a sí mismo con el ceño fruncido e intenta comprender el secreto de su propia naturaleza».

16El Hombre de Vitruvio de Leonardo simboliza un momento en que el arte y la ciencia se combinaron para permitir que las mentes perecederas examinaran las preguntas eternas sobre quiénes somos y cómo encajamos en el orden del universo. También representa un ideal humanístico que celebra la dignidad, el valor y la racionalidad de los humanos en cuanto que individuos. Dentro del cuadrado y del círculo podemos contemplar la esencia de Leonardo da Vinci y la nuestra, de pie, desnudos en la intersección entre lo terrenal y lo cósmico.





Fragmento de: Walter Isaacson. “Leonardo da Vinci. La biografía”. iBooks. 
Título original: Leonardo da Vinci
Walter Isaacson, 2017
Traducción: Jordi Ainaud i Escudero.
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Material exclusivo para uso didáctico-educativo.


7 ene 2019

LA ARABIA FELIZ, LA PENÍNSULA ARÁBIGA


LA ARABIA FELIZ, LA PENÍNSULA ARÁBIGA


1La península arábiga se extiende sobre una superficie de tres millones de kilómetros cuadrados y limita al norte con Jordania e Irak; al sur con el océano Índico; al este con el golfo Pérsico; y al oeste con el mar Rojo.
Fue Ptolomeo quien dividió en la Antigüedad la península arábiga en tres partes: la Arabia desierta, la Arabia pétrea y la Arabia feliz. Hoy en día, geográficamente podemos distinguir cuatro zonas:
1. Al oeste, el Hijaz, a lo largo del mar Rojo, con las ciudades de Medina y de la Meca. Zona por excelencia donde estaban asentadas las tribus beduinas que se dedicaban al comercio y al saqueo de caravanas.
2. En el suroeste el Yemen o Hadramaut que corresponde al territorio de la Arabia feliz, zona muy fértil en vegetación debido a las lluvias monzónicas, gran productor de plantas aromáticas y especias, famoso en la antigüedad por sus perfumes y el incienso.
3. En la zona central, se encuentra el Nefed, una gran meseta colindante con el vasto desierto de arenas rojas Al-Nafud al norte y con el otro gran desierto, el Rub-al-Jali, que se extiende por gran parte del sureste.
4. En la parte oriental de Arabia, el clima es caliente y húmedo. Está bañada por las aguas del golfo Pérsico. Las lluvias monzónicas propician en esta región la agricultura.

ARABIA ANTES DE MAHOMA

2Según el relato bíblico, Sem, uno de los tres hijos de Noe, engendró después del Diluvio universal a los semitas, árabes, judíos, mesopotámicos, etc., que se asentaron en Oriente Próximo. El origen de los árabes tiene lugar, sin ninguna duda, en el III milenio a. C., cuando los semitas en su migración abandonaron su cuna en Arabia para establecerse en Mesopotamia. Más tarde, aquellos semitas formaron parte de los reinos de Súmer y Acad y se convirtieron en época posterior en asirio-babilónicos, arameos, fenicios, amorreos, caldeos y cananeos.
La historia de la Arabia preislámica depende en parte de hallazgos arqueológicos y epigráficos pero sobre todo de fuentes protohistóricas, esencialmente los textos de procedencia egipcia, griega y romana. Después de Mahoma, los escritores musulmanes fijaron en sus textos la tradición oral acerca de la Arabia de la Yahiliyyah o ‘edad de la ignorancia’, es decir, de la Arabia antes de la llegada de Mahoma.

3Durante el II milenio varios pueblos de Mesopotamia regresaron a la península arábiga para crear reinos y ciudades-estado de carácter heteróclito.
Así, en el norte, varios conjuntos de tribus nómadas, que se dedicaban al comercio caravanero consiguieron fusionarse dando lugar a reinos brillantes como el de los Thamud (el más antiguo), el de los nabateos y posteriormente el de los palmiranos, por citar a los más importantes.
En la parte meridional de Arabia florecieron a partir del siglo IX a. C. reinos como el de Sabá en Yemen, el reino de Ma´in, el de los Mineos, establecidos al norte de Yemen, el reino de Qataban y el reino de Hadramaut. En el siglo II a. C. surgió el reino de los himyaritas que llegó a conquistar todo el Yemen en el siglo III d. C. y unificar la Arabia meridional en su apogeo, formando un gran imperio.

4En Omán, los A’adids desde el siglo X a. C. habían creado el reino de A´ad. Es muy probable que los árabes de la antigüedad hablaran una lengua similar al acadio. En el siglo IX a. C., los textos asirio-babilónicos mencionan a los árabes en sus relatos de batallas entre el ejército asirio y las tropas de árabes. Los monarcas del reino de Saba pagaban un tributo anual a los reyes de Nínive.
Se sabe que los persas se aliaron con los árabes para conquistar territorios e incrementar sus ejércitos. En tiempos de los aqueménidas, que fueron una dinastía que gobernó el Imperio persa del 550 a. C. al 331 a. C., el norte de Arabia, que formaba parte del Imperio persa, fue constituido en satrapía.
5Uno de los reinos, el nabateo (s. V a. C.-105 d. C.), cuya capital, Petra, fue digna de admiración en la antigüedad, logró establecer estrechas relaciones políticas y comerciales con la dinastía de los seléucidas antes de ser sometido por los romanos. Después del declive de los nabateos, surgió el poderoso reino de Palmira, que se extendía hasta el Mediterráneo. Durante el reinado de Zenobia alcanzó su máximo esplendor, pues abarcaba Asia menor y Egipto. No obstante, en el año 273 d. C. el emperador Aureliano conquistó Palmira y la reina Zenobia fue llevada presa a Roma.

6La Arabia meridional era en gran parte sedentaria y poseía imponentes ciudades-estado como Saná y Marib, carácter esencial que la diferenciaba de los habitantes del norte de la Arabia nómada. Sin duda, el reino de Saba fue el más importante de la Arabia meridional, prueba de ello es su extraordinario desarrollo urbanístico gracias a una sofisticada red de canales y diques (también en Marib existía una red fluvial semejante), que permitían disponer de abastecimiento de agua en enormes depósitos para el consumo humano y la irrigación de los campos (por esta razón se conocía como la Arabia feliz). El reino de Saba estableció relaciones comerciales con Etiopía, Egipto, Mesopotamia y la India, pues los sabeos eran experimentados navegantes y se ha comprobado que llegaron hasta Indonesia con sus naves. Esencialmente, las mercancías que transitaban en los puertos de los sabeos eran especias, incienso y tejidos preciosos.

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LOS BEDUINOS

7Sociológicamente, la Arabia preislámica se caracterizaba por tribus de pastores y de comerciantes, cuya forma de vida nómada estaba no obstante cimentada por estrechos vínculos de sangre. Los nómadas (ahl al-wabar) se diferencian de los sedentarios (ahl al-madar), sin embargo el parentesco era de suma importancia para todos. La asabiya, el espíritu de solidaridad del grupo, imperaba sobre cualquier otra forma de organización política, por rudimentaria que fuera. Fuera de la tribu no existía posibilidad de una vida individual. Cada tribu se regía por costumbres y reglas no escritas, que cada beduino debía de observar escrupulosamente so pena de ser expulsado de la tribu. Una vez abandonado por los suyos, el beduino se convertía en un abtar, es decir, en un renegado que padecía todo tipo de penurias y de vejaciones.

8La base de la organización tribal era la familia. Un conjunto de familias formaban una tribu, y a su vez un conjunto de tribus formaba un clan. A la cabeza de cada tribu estaba un jefe (sheij o sayyid) elegido por los miembros más destacados del conjunto de familias, el consejo. El jefe de la tribu, en general un sabio anciano, velaba celosamente por mantener la unidad de los suyos, impartía justicia y dictaminaba los casos de venganza de sangre o tha´r pues imperaba la ley del «ojo por ojo».

9También determinaba si había que emprender las temidas razias o ghazwa contra otras tribus, pues estas estaban perpetuamente enfrentadas entre sí y vivían en un clima de gran violencia. Cada beduino nómada era a la vez un comerciante camellero y un guerrero. Gracias a estas largas caravanas de beduinos, más tarde penetraron las ideas religiosas del judaísmo y del cristianismo por toda la península arábiga. Los sacerdotes de la religión tradicional árabe eran también augures que tenían una importancia considerable en el seno de la sociedad tribal. El adivino o kahin vaticinaba el futuro y desvelaba los secretos de la naturaleza. El arrâf, de poder superior, era un poderoso mago capaz de entrar en relación con la divinidad y de interpretar la voluntad de los djinns, seres sobrenaturales omnipresentes en el mundo de los humanos. El curandero o tabib liberaba a los enfermos del poder maligno de los djinns. Los hanifs eran hombres santos.

LENGUA, CULTURA Y RELIGIÓN DE LOS BEDUINOS

10El árabe es una lengua semítica que tiene una antigüedad de unos mil quinientos años. Muchos especialistas consideran que su origen se identifica con el dialecto del Clan de los Quraysíes, que dominaban en La Meca. Con el transcurso del tiempo, dicho dialecto se afirmaría como el más perfecto de los dialectos hablados en la península arábiga, en gran parte por la preponderancia económica y comercial de La Meca. Poetas y oradores lo elevaron a lengua literaria en la Arabia de la Yahiliyyah. Consta de veintiocho letras consonantes, que se escriben de derecha a izquierda. Existen, asimismo, tres vocales: «a» o fatha, «i» o kasra, y «u» o damma. La escritura no utiliza más que las letras consonantes. El texto se lee, añadiendo pues las vocales que no aparecen escritas.

11Respecto a la expresión cultural y literaria de la Arabia preislámica, hay que resaltar la importancia de la poesía lírica y épica cuyos temas abarcaban las virtudes guerreras, los amores desgraciados y la admiración por la naturaleza. También los poetas cantaban la muruwwa, es decir la virilidad, la lealtad al clan, el coraje, cualidades que se consideraban las más excelsas entre los beduinos. Como se ha dicho antes, la península arábiga era una encrucijada comercial de primera importancia, entre Asia y Europa. Los árabes controlaban el comercio de especias por las rutas marítimas del Índico al mar Rojo, hasta India y China mediante Asia central (la famosa Ruta de la Seda). En los inicios del siglo VI d. C., La Meca (Makka en árabe), se confirma como centro neurálgico comercial de primer orden, por su emplazamiento en la encrucijada de las rutas caravaneras entre el Yemen y Siria y también de Yemen hacia Mesopotamia. Paulatinamente, La Meca se convierte en el núcleo urbano más destacable de la península arábiga. Estaba gobernada como una república de mercantes por la todopoderosa tribu de los qurayshíes. Verdadero centro político y financiero, la preponderancia de La Meca se manifiesta además por ser el lugar de peregrinación más importante de toda la península arábiga, con su santuario de la Kaaba, la piedra negra de origen divino que se remontaba a Abraham.

12Sabemos poco sobre la situación religiosa de Arabia anterior al islam. Disponemos de escasos documentos: inscripciones árabes, sobre todo de la parte meridional de Arabia; algunos documentos de literatura preislámica, sobre todo poesía, pero cuya autenticidad es dudosa; los testimonios (muy) posteriores de los historiadores árabes como Ibn al-Kalbî con el Kitab al-Asnam o Libro de los ídolos; Shahrastani (m. 1153) o Masía ûdî (m. 956) con Los prados de oro; y el testimonio del Corán, pues la predicación de Mahoma era desde luego el reflejo directo de la situación religiosa que prevalecía en su época. Por un lado, había una religión árabe tradicional y por otro, dos minorías cuya influencia era bastante considerable: los judíos y los cristianos.

13La religión primitiva de Arabia era una mezcla de henoteísmo y de politeísmo. Cada tribu veneraba a sus propios dioses, y entre ellos a uno principal. Se adoraba a las piedras, a los árboles. Aún hoy en día, el culto a algunos árboles permanece en la península arábiga, pues se considera que son la morada de un santo (walî-s).

14Los árboles y los animales del haram, zona consagrada alrededor de los templos, estaban considerados como consagrados e intocables. Según la tradición islámica (Bukhari, Sahih), había trescientos sesenta ídolos que representaban a las divinidades más importantes en el momento en que Mahoma conquistó La Meca en el 630.

Pasaje de: Ernest Yassine Bendriss. “Breve historia del Islam.” ePubLibre, 2013-05-13. iBooks.
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11 sept 2018

Disciplinar es enseñar


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Reseña del capitulo No. 7, Disciplinar es enseñar, del libro No hay niño malo, de Teresa García Hubard para fines didáctico/educativos exclusivamente.

Disciplinar es enseñar

“Solo puedo recomendarle que siga sus propias ideas, pero examínelas de vez en cuando. Algunos conocimientos nuevos pueden cambiar nuestras actitudes”.
Bettelheim, 1962.

La disciplina es un proceso de enseñanza, pero una disciplina que se construya a través de la conexión y la empatía, y esto será posible si nuestra atención se centra en el vinculo con nuestros hijos en lugar de poner énfasis en sus conductas.

Se trata de aprender, nunca es tarde, que las conductas de los niños son como ventanas que nos permiten asomarnos a su mundo interno intentando entenderlo.

Pensar en disciplina es pensar en límites y estructura que permitan al niño tener la capacidad de autorregularse, tomando en cuenta sus necesidades y las de los demás.

El miedo y la coerción, la represión de los padres, puede generar obediencia en el niño, pero la misma será insuficiente sin el aprendizaje de las reglas, así es como funciona el mundo, lo que le permitirá tener una regulación emocional.

Diversos autores han tratado el tema de la disciplina. Así, Brazelton dice que es la manera en que un padre guía el desarrollo moral de su hijo. También es la manera en que se educa el carácter (Fraiberg).

Acá nunca se habla de controlar y castigar, sino de acompañar al niño, darle los apoyos necesarios para el desarrollo de habilidades que le permitan aprender a regularse y relacionarse con los demás.

La palabra disciplina se ha distorsionado en su origen.

Procede del latín discipulus  y significa imponer un orden necesario para poder llevar a cabo un aprendizaje. Del mismo modo es discípulo quien se somete a la disciplina para lograr capacitarse.

Por tanto, disciplina tiene un origen respetable, pues establece su conexión con aprender y educar.

Decimos que se ha distorsionado y tiene mala reputación al utilizarse como sinónimo de castigo, y con frecuencia castigo físico, desde hace tiempo.

La psicoanalista y pionera en el campo de la salud mental infantil, Selma Fraiberg menciona la necesidad de reivindicar el concepto de la palabra disciplina, y este es enseñar, todos los métodos disciplinarios deberían ser métodos que instruyan y hagan posible el aprendizaje.

Acá un ejemplo de distintos tipos de disciplina, con dos enfoques distintos:
Ernesto de 6 años, está en la sala de espera del doctor, su madre le acompaña. Ernesto esta nervioso y con miedo. Esta inquieto. Su mamá puede asumir dos actitudes:
a) Hacer contacto visual, tocarle el hombro y decirle “me imagino que estás nervioso, también me pongo nerviosa cuando voy con uno. Estaré junto a ti todo el tiempo y cuidaré de ti. ¿Quieres correr un poco o brincar para que te sientas menos nervioso donde no molestemos a nadie?”
b) Tratar de detener la conducta de Ernesto para seguir contestando desde su teléfono, diciéndole lo mucho que molesta con su actitud al resto de las personas, es increíble que no se pueda quedar quieto ni 20 minutos, y pedirle le deje concentrar, amenazándolo con diversos castigos.

¿Por qué creemos que la opción a es mejor? Porque la mamá de Ernesto se pone en los zapatos de su hijo, preguntándose el por qué de su actitud. Además se agacha y hace contacto visual y físico con él. Esto favorecerá para que pueda estar más tranquilo. Además, le pide que la energía acumulada, tensión nerviosa, la canalice con los brincos y sin molestar.
Es complicado, pero con práctica y teniendo conciencia, siendo respetuosos y empáticos con los hijos es posible lograrlo.

Es entonces que se da una conexión emocional basada en el respeto y la empatía, que para lograrlo son necesarios tres requisitos:
1. Mantener la calma siendo conscientes de nuestro propio estado mental.
2. Tener claras las reglas.
3. Conectar-validar-redirigir.

Mantener la calma siendo conscientes de nuestro propio estado mental

Los momentos en que es necesario disciplinar son difíciles. Mantenernos calmados es vital, es uno de los mayores retos de ser padres. Es crear una pausa que genera el espacio para elegir nuestra respuesta. Si podemos mantener la claridad mental podremos pensar en qué es lo que necesita el hijo ( conexión emocional) y mantener las reglas empáticamente. Si el niño frustrado se desorganiza, los padres estarán presentes para contenerlo y reflexionar con él.
Cuando estamos en guerra, cualquier aprendizaje se bloquea. Es bueno empezar por reconocer lo que estamos sintiendo, aceptar que nos podemos enojar u ofender y que tenemos derecho a estas emociones. Tener conciencia de lo que estamos sintiendo.
Mantener la calma no es tragarnos lo que estamos sintiendo, sino reconocer las emociones para poder manejarlas, para así ser claros con los niños. Las emociones de los niños son importantes, pero la de los padres también.
Hacer una pausa, tomar conciencia de cual es nuestro estado mental se hace necesario e indispensable. Educarnos para educar.

Las reglas

Es necesario la claridad con respecto a las reglas ya que los niños requieren límites y estructura.
Las reglas deben ser claras, consistentes, razonables y, sobre todo, pocas.
Una regla básica podría ser el respeto entre unos y otros, cuidar como nos hablamos y qué nos decimos, tanto los padres a los hijos como los hijos a los padres.

Ejemplo de reglas para niños entre 3 y 6 años:
· Hablarnos con empatía, tomando en cuenta lo que siente el otro.
·No pegar.
·Lavarse los dientes.
·Recoger los juguetes terminando de jugar y antes de empezar a jugar con otro.
·No jugar con la comida.

Las reglas deben irse reajustando conforme los niños crecen y desarrollan hábitos. Las reglas permiten al niño saber que hay cosas que se deben hacer o evitarse  independientemente del humor o estado de animo de su madre o padre.
Cuando los padres enseñan a sus hijos a obedecer las reglas porque son justas y no porque los padres son más poderosos, están preparando a su hijo para respetar las leyes en el futuro.
Cuando un niño desobedece una regla no es personal, no esta desafiando ni retando. En muchos momentos las reglas resultan frustrantes para el niño, pero la frustración es inevitable en el proceso de crecer y querer evitarla no debería ser una razón para cambiar las reglas. Lo importante es conectarnos emocionalmente con los hijos.

Conectar-validar-redirigir

El tercer requisito para una disciplina empática es la conexión emocional. Conectar con las emociones de nuestros hijos es el primer paso en el momento de interactuar con ellos para poder disciplinarlos, al hacerlo se  les ayuda a regularse, los hace más receptivos. Al conectar es importante hacerlo de verdad, desde el corazón , con genuina empatía, razonando con ellos, validando lo que sienten. Lo que clama el niño es sentirse sentido cuando conectamos con su experiencia emocional y le ponemos palabras.
Cuando conectamos y entendemos el impulso de nuestro hijo, la posibilidad de redirigir se da de manera natural. Redirigir es ayudarle al niño a canalizar el impulso, buscar una solución aceptable; esto aligera la frustración y facilita la disciplina. Redirigir es decir “esto no, pero esto sí”, o bien “así no, pero así sí”. Redirigir funciona si se es empático con los niños.

Más tarde o más temprano, es muy positivo que después de una situación intensa y de difícil resolución retomemos lo sucedido y lo hablemos con el niño, pues disciplinar no es otra cosa que enseñarle al niño a resolver problemas juntos. 

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Bibliografía: García Hubard, T. No hay niño malo. Doce mitos sobre la infancia. Ed. Paidós. 1ª edición. Ciudad de México, 2017.










23 jul 2018

Lou (2017) - Funny Scene - Disney & Fixar Short Film [HD]

Lou (2017) Short Film

Lou, una preciosa historia con un firme mensaje contra el acoso escolar (o bullying). Lou  es  el primer trabajo como guionista y director de Dave Mullins, un animador de la compañía. Lou, una original criatura, es testigo de los abusos de uno de los niños del colegio, abusos a los cuales decide poner fin con un inteligente plan...





Lou
Duración: 6 minutos
Fecha de estreno: 15 de julio de 2017 (Japón)
Director: Dave Mullins
Música compuesta por: Christophe Beck
Productor: Dana Leigh Murray
Nominaciones: Oscar al mejor cortometraje animado
Productoras: Pixar, Walt Disney Pictures

Cortesía: Licencia estándar de YouTube

29 may 2018

Apuntes sobre la lectura



"Tenemos un yacimiento —un tesoro— de literatura que se remonta a los egipcios, a los griegos, a los romanos. Todo está allí, esta abundancia de literatura por descubrir una y otra vez para quien tenga la suerte de encontrarla. Un tesoro. Supongamos que no existiera. Qué empobrecidos, qué vacíos estaríamos. Poseemos una herencia de idiomas, poemas, cuentos, relatos, que jamás se agotará. Podemos disponer de ella, siempre. Tenemos un legado de cuentos, relatos de los antiguos narradores, algunos cuyos nombres conocemos y otros no. Los narradores retroceden más y más en el tiempo hasta un claro del bosque donde arde una enorme hoguera, y los antiguos chamanes bailan y cantan, porque nuestro patrimonio de cuentos se originó en el fuego, la magia, el mundo de los espíritus. Y es allí donde permanece, hasta el presente. Si consultamos a algún narrador moderno, nos dirá que siempre existe un momento de contacto con el fuego, con aquello que nos gusta llamar inspiración y que se remonta al pasado remoto, hasta el origen de nuestra raza, al fuego, al hielo y a los fuertes vientos que nos dieron forma y que conformaron nuestro mundo. El narrador vive dentro de todos nosotros. El creador de historias siempre va con nosotros. Supongamos que nuestro mundo padeciera una guerra, los horrores que todos podemos imaginar con facilidad. Supongamos que las inundaciones anegaran nuestras ciudades, que el nivel de los mares se elevara…, el narrador sobrevivirá, porque nuestra imaginación nos determina, nos sustenta, nos crea: para bien o para mal y para siempre. Nuestros cuentos, el narrador, nos recrearán cuando estemos desgarrados, heridos e incluso destruidos. El narrador, el creador de sueños, el inventor de mitos es nuestro fénix, nuestra mejor expresión, cuando nuestra creatividad alcanza su punto máximo." 

Doris Lessing 

Premio Nobel de Literatura 2007 ©The Nobel Foundation. 
Texto traducido por Laura Canteros y reproducido en la revista Imaginaria (www.imaginaria.com.ar) con autorización de la Dirección de Relaciones Públicas de la Fundación Nobel.

2 may 2018

¿Realmente hemos inventado muchas cosas?


¿Realmente hemos inventado muchas cosas?
Umberto Eco. “De la estupidez a la locura”


"Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia!
Quien lee habrá vivido 5, 000 años: estaba cuando Caín mató a Abel,
cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito...
Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás." Umberto Eco


El anuncio apareció probablemente en internet pero no sé dónde, porque a mí me llegó por correo electrónico. Se trata de una pseudopropuesta comercial que anuncia una novedad, el Built-in Orderly Organized Knowledge, cuyas siglas conforman el acrónimo BOOK, es decir, libro.

Sin hilos, sin batería, sin circuitos eléctricos, sin interruptor ni botón, es compacto y portátil y puede utilizarse incluso estando sentado delante de la chimenea. Está compuesto por una secuencia de hojas numeradas (de papel reciclable), cada una de las cuales contiene miles de bits de información. Estas hojas se mantienen unidas en la secuencia correcta gracias a un elegante estuche llamado encuadernación.

Cada página es escaneada ópticamente y la información se registra de manera directa en el cerebro. Hay un comando browse que permite pasar de una página a otra, hacia delante y hacia atrás, con un único movimiento del dedo. Una herramienta llamada «índice» permite encontrar al instante el tema deseado en la página exacta. Se puede adquirir un complemento opcional llamado «punto de libro», que permite volver a la página donde nos habíamos detenido, aunque el BOOK haya sido cerrado.

El anuncio termina con otras variadas explicaciones sobre este instrumento tremendamente innovador, y anuncia también la próxima comercialización del Portable Erasable-Nib Cryptic Intercommunication Language Stylus, PENCIL (es decir, lápiz). No se trata solo de un buen ejemplo de texto humorístico, sino que es también la respuesta a las numerosas preguntas angustiadas sobre la posibilidad de que desaparezca el libro ante el avance del ordenador.

Son muchos los objetos que desde que fueron inventados no han podido ser perfeccionados, como el vaso, la cuchara, o el martillo. Cuando Philip Stark quiso cambiar la forma del exprimidor creó un objeto de gran belleza, pero que deja caer las pepitas en el vaso, mientras que el exprimidor clásico las retiene junto con la pulpa. El otro día en clase me enfadé mucho con una máquina electrónica carísima que proyectaba mal las imágenes; el viejo retroproyector, por no hablar del antiguo epidiascopio, las proyecta mejor.


Retroproyector


Mientras el siglo XX se acerca a su fin, deberíamos preguntarnos si en realidad en estos cien años hemos inventado muchas cosas nuevas. Todas las cosas que usamos cotidianamente fueron inventadas en el siglo XIX. Voy a enumerar algunas: el tren (aunque la máquina de vapor es del siglo anterior), el automóvil (con la industria del petróleo que presupone), los barcos de vapor con propulsión de hélice, la arquitectura de cemento armado y el rascacielos, el submarino, el ferrocarril subterráneo, la dinamo, la turbina, el motor diésel de gasolina, el aeroplano (el experimento definitivo de los hermanos Wright se llevaría a cabo tres años después de acabar el siglo), la máquina de escribir, el gramófono, el magnetófono, la máquina de coser, el frigorífico y las conservas en lata, la leche pasteurizada, el encendedor (y el cigarrillo), la cerradura de seguridad Yale, el ascensor, la lavadora, la plancha eléctrica, la pluma estilográfica, la goma de borrar, el papel secante, el sello de correos, el correo neumático, el váter, el timbre eléctrico, el ventilador, la aspiradora (1901), la hoja de afeitar, las camas plegables, el sillón de barbería y las sillas giratorias de oficina, el fósforo de fricción y los fósforos de seguridad, el impermeable, la cremallera, el alfiler imperdible, las bebidas gaseosas, la bicicleta con cubierta y cámara de aire, las ruedas con radios de acero y transmisión de cadena, el autobús, el tranvía eléctrico, el ferrocarril elevado, el celofán, el celuloide, las fibras artificiales, los grandes almacenes para vender todas estas cosas y —si me lo permiten— la iluminación eléctrica, el teléfono, el telégrafo, la radio, la fotografía y el cine. Babbage inventa una máquina calculadora capaz de hacer sesenta y seis sumas por minuto, y estamos ya en la senda de la computadora.

Claro que el siglo XX nos ha dado la electrónica, la penicilina y muchos otros fármacos que nos han prolongado la vida, los plásticos, la fusión nuclear, la televisión y la navegación espacial. Puede que me olvide de alguna cosas, pero también es cierto que las plumas estilográficas y los relojes más caros tratan hoy de reproducir los modelos clásicos de hace cien años, y en una antigua columna observaba que el último perfeccionamiento en el campo de las comunicaciones —que sería internet— supera a la telegrafía sin hilos inventada por Marconi mediante una telegrafía con hilos, lo que marca la vuelta atrás de la radio al teléfono.

Asistimos a un intento de desinventar al menos dos inventos típicos de nuestro siglo, los plásticos y la fisión nuclear, porque hemos caído en la cuenta de que contaminan el planeta. El progreso no consiste necesariamente en ir hacia delante a toda costa. He pedido que me devuelvan mi retroproyector.
[2000]


Fragmento de: Umberto Eco. “De la estupidez a la locura”. iBooks.
“Título original: Pape Satàn aleppe
Umberto Eco, 2016
Traducción: Helena Lozano Miralles & María Pons Irazazábal”